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Callejear y aprender

Hay un Gijón de piedra que habla. Sólo hace falta escucharlo y dejarse llevar por su encanto. Porque Gijón/Xixón es, a pesar de los muchos expolios e irresponsabilidades urbanísticas del siglo pasado, una de las ciudades en las que aún se conservan edificios muy notables de la arquitectura del periodo modernista.

Las edificaciones gijonesas de este estilo, el Gijón modernista,  se concentran en el entorno de las calles Corrida, Jovellanos, Munuza, Cabrales, Instituto, Moros, Trinidad y San Bernardo, principalmente, permitiéndonos seguir un interesante y atractivo recorrido por el modernismo gijonés, uno de cuyos aspectos más representativos es el carácter femenino de la ornamentación. Proliferan, en lo que a detalles decorativos se refiere, cabezas de mujer de largos y complicados cabellos, líneas sinuosas, trazos ondulantes, motivos florales, tallos vegetales, dibujos de capricho… la inclinación hacia lo ligero, lo grácil, lo refinado. Un repertorio de motivos conectados con el naturalismo y el gusto por las curvas ondulantes propios del diseño modernista. Formas que podemos encontrar desplegadas a lo largo de cornisas, balaustradas, arcos, rejerías, puertas y ventanas.

Así se define un arte que aún llena el callejero de Gijón y que fue realizado por profesionales como Mariano Marín , Carlos Bertrand, Joan Rubio Bellver, Avelino Díaz-Omaña, Miguel García de la Cruz, Manuel del Busto y su hijo Juan Manuel.

El centro de Gijón recorrido con paciencia, cámara de fotos y curiosidad puede ser un descubrimiento agradable no solo para quienes nos visitan, sino también para los gijoneses y gijonesas, tal vez demasiado acostumbrados a pasear entre piedras ilustres a las que apenas dan importancia.

La próxima vez, haga la prueba y escuche como hay casas que hablan y cuentan hermosas historias.

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