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Cinco colores, cinco tesoros

 

Verde. El tesoro del Jardín Botánico es de color verde. Es nuestra más extensa y variada mancha vegetal de la ciudad. Aunque se trata de una idea que comenzó a fraguarse a finales del siglo pasado, el Jardín Botánico Atlántico abrió sus puertas en 2003 con una extensión de 16 hectáreas. Con el paso del tiempo y las sucesivas ampliaciones nuestra joya verde suma ya 25 hectáreas de terreno. El Jardín incorpora en sus colecciones el Jardín de La Isla, un jardín histórico con más de 150 años, y el Monumento Natural de La Carbayeda de El Tragamón, un bosque natural excepcional con árboles de hasta 400 años. El Botánico es  naturaleza y es cultura, ya que aúna una detallada e interesante colección vegetal con una zona de abierta a la investigación y cientos de actividades que atraen cada año a miles de personas.

Camelias en el Jardín de La Isla

Azul. El Cantábrico nos muestra cada día sus mejores paisajes y muchos tonos de azul. Desde los más verdosos de los días tranquilos de verano hasta el azul grisáceo y plomizo de las mareas de otoño e invierno, llenas de espuma que baten las galernas y temporales. La senda peatonal del Cervigón, las actividades deportivas relacionadas con la vela o el surf, los parques costeros y el tradicional paseo de El Muro o el Puerto Deportivo son los mejores balcones desde los que presenciar la actividad incesante de ese ilustre gijonés que es la mar, el Cantábrico que nos mece y nos despierta cada día.

Amarillo. El de la arena de nuestras playas, nuestros tesoros que jalonan el litoral de este a oeste y que tienen además la particularidad de estar muy cerca del centro urbano. Arbeyal, Poniente, San Lorenzo, el Rinconín o la Cagonera son tesoros de verano y de todo el año, son lugares para el paseo, para disfrutar de silencio, del murmullo del mar o de su imponente oleaje en los tiempos de las grandes mareas. La cultura de la playa es parte de la personalidad de Gijón, la que los hace ser como somos y la que atrae cada año a miles de bañistas y paseantes.

Dorado. Es el tono de piedra de la que está construida la historia de Gijón. La piedra de la imponente Universidad Laboral, de las Termas Romanas del Campo Valdés, la Villa Romana de Veranes, el Parque Arqueológico-Natural de la Campa de Torres o los restos de la muralla de Cimavilla. Dorado es el color la piedra de los caminos que salen y pasan por la ciudad: la Ruta Vía de la Plata o el Camino de Santiago del norte que pasa por ella. Ese tono dorado de la historia es el de nuestra piel de ciudad bimilenaria.

Rojiblanco. Nuestra alma colectiva es sportinguista y el estadio de El Molinón es el templo en el que cada fin de semana se celebra ese rito colectivo. El Molinón es el campo más antiguo de España y se ha convertido en una referencia más de las visitas a la ciudad. Aunque Gijón no solo es fútbol: los deportes náuticos, las escuelas deportivas, los polideportivos públicos, las entidades deportivas privadas, el “kilometrín”, las sendas peatonales y los carriles bici hacen que Gijón tenga un perfil deportivo innegable y en alza. El resultado ha sido su designación como Ciudad Europea del Deporte 2016.

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