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Querencia de Gijón

La querencia es el cariño por un lugar y es también la tendencia a volver a ese sitio a veces de manera inconsciente. “Querencia de Gijón” es un hermoso y raro y delicioso libro escrito por el periodista Ladislao de Arriba en 1988 y publicado ese mismo año por Silverio Cañada. Ladislao de Arriba, “Ladis”, falleció en noviembre de 2015 dejando un legado de lúcidas visiones de Gijón en este libro y en cientos de artículos que servirán durante años para los gijoneses nos miremos en ellos como en un espejo y quienes nos visitan tengan una idea de cómo es esta ciudad y quienes la habitan. Ellos y nosotros compartiremos con Ladis la querencia por Gijón, la que hace a unos volver una y otra vez, la que hace que tenga un encanto especial para propios extraños, una querencia.

La calle Corrida

Ha sido de todo: escaparate, mentidero, palestra, lonja de contratación, “borrachería”. En una ocasión fue pasarela para un desfile de modelos.

Llegaba desde la esquina del bar Príncipe hasta el café Alcázar. Seguramente la mayor del mundo. Las pobres maniquíes -tan desnutridas ellas- terminaban exhaustas y tenían que darles ponches de yema de huevo entre pase y pase.

Calle Corrida a principios del siglo XX

Gijón, tan aficionada a los aumentativos (La Escalerona, La Iglesiona, El Molinón, la Piedrona, el Pozón) perdió la oportunidad de contar con uno más, si el invento llega a institucionalizarse: La Pasarelona”.

Bares con dos puertas

“Un gran número de establecimientos de Corrida y sus aledaños tiene dos puertas y algún bienhumorado con afición al trago ha ido de (la calle) Santa Rosa a Marqués de San Esteban sin pisar el asfalto de la calle y sin casi mojarse con la lluvia (…) Los establecimientos del cogollo (lo que ahora la gente joven llama “La Ruta” dan, en general, a dos calles. Esto confiere al viejo Gijón una especial fisonomía y a los gijoneses se les permite jugar con relativa ventaja frente a los pelmas”.

Turismo pasado por agua.

“Si la Villa ha de armar los bolos, turísticamente hablando, ha de hacerlo sobre las condiciones climatológicas propias: pertinaces lluvias, persistentes brumas y las marejadillas propias del nordestín; y no esperar hordas de escandinavas en “top less”, sino familias mesetarias que lleguen huyendo del sol castellano-leonés, de la parcelita de secano y las aguas muertas del embalse”.

Comer en gijonés

“Victorón (Víctor Bango, popular propietario del restaurante Casa Víctor, fallecido en 2013. N del R.) que ha logrado hacerme comer oricios en paté, podría reunir una lista de platos gijoneses que ahora andan dispersos por todo el concejo: parrochines afogaes, arveyos con congrio, sardinas a la vixigona, pulpo con patatines, sopa de llámpares, batallón, amasueles con arroz caldoso, marañueles, coríu con naranjas, figos miguelinos, piescos y cerezas”.

 

Don Nicanor (Nicanor Piñole. Pintor. Gijón, 1878-1978)

“En mis tiempos fue una venerable figura , la más preclara de la nómina artística gijonesa. Amante de las cosas sencillas y naturales (…) don Nicanor Piñole fue contertulio de muchos de nosotros y maestro de casi todos. Nonagenario, aún conservaba el pulso firme y el estómago dispuesto para toda fabada que se pusiese por delante.”

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