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ANTROXU 2016: EL DISFRAZ QUE NOS RETRATA

El disfraz es a veces la verdadera cara de nuestra personalidad. Solo somos nosotros de verdad cuando nos cubrimos con la máscara. Esta es tal vez la idea que explica el triunfo ancestral del Antroxu, del Carnaval, de don Carnal, de las Carnestolendas que preceden los rigores de la Cuaresma: podemos ser nosotros mismos sin tasa, sin freno y sin cara. El disfraz nos retrata porque saca lo más hondo de nosotros. Cuando aún quedan en nuestra memoria con viveza los recuerdos de la familiar y pacífica Navidad, el cuerpo, la mente y la ciudad se preparan para el Antroxu 2016, muy madrugador en este bisiesto, con toda su carga de alegría, ironía y sarcasmo ante la dura realidad. Dispuestos de nuevo a disfrazarnos de nosotros mismos Gijón/Xixón se prepara para que fluya de nuevo por las calles todo un río de disfraces que acompañará la procesión más laica y descabellada del año.
Volveremos a los ritos de siempre: el pregón, el desfile, las charangas y murgas, los paseos de doña Sardina que, agotada, quedará enterrada por un año unas horas antes de que el fuego de Carnal haya reducido todo a la ceniza con la que la religión nos recordará que algún día dejaremos este carnaval para siempre. Será un Antroxu más, pero nunca será el mismo Antroxu. Y no lo será porque ninguno de nosotros, ni como individuos, ni como colectividad, somos los mismos que el año pasado ni seremos los mismos que el año que viene. El Antroxu somos nosotros, por eso el triunfo está asegurado.


El éxito del Antroxu en Gijón/Xixón, una de las fiestas más arraigadas en la ciudad, de interés turístico regional, con un grado de participación más alto y con un despliegue de imaginación ciudadana fuera de lo común, tiene mucho que ver con la forma de ser de una ciudad que disfruta de la calle y que siempre está dispuesta a mirarse en el espejo deforme del disfraz para no tomarse en serio del todo, para reírse de todo aquello que en los once meses anteriores parecían monstruos pero que, al final, solo son máscaras. Desde que el Antroxu se recuperó a la par que la normalización democrática del país, Gijón/Xixón se ha convertido en un referente del carnaval de Asturias. El Antroxu se desata en las calles, en las peñas que montan sus charangas para competir en ingenio, sarcasmo y agudeza; el Antroxu se come en el plato del día con los menús que durante estos días se podrán saborear en los restaurantes de Gijón/Xixón; el Antroxu es también para los llambiones que degustarán a placer los dulces propios de este tiempo, y para los niños que serán por unas horas sus personajes de ficción favoritos, y para los mayores que podrán soltarse el corsé de la formalidad diaria.
Gijón es más Gijón en Antroxu. Enseña durante casi una semana su mejor cara, la más divertida, la más creativa, la más capaz de hacer que toda una ciudad se disfrace para poner a los pies de los propios y los forasteros una alfombra de fantasías disfrazadas de realidades y viceversa. Desde el Jueves de Comadres con toda su carga lúcida, lúdica y de denuncia ante la desigualdad, pasando por el pregón, hasta el testamento de la Sardina, proclama civil contra los vicios que parecen virtudes y conjura colectiva contra el exceso de penitencia al que estamos sometidos, el Antroxu es la próxima gran cita en Gijón/Xixón. En nombre de doña Carnal, retratada este año en femenino por Carmen CursiLove, ganadora del concurso, y por medio de su portavoz, la rabanera y habladora Sardina, quedan todos invitados al Antroxu 2016.

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