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“Nuesto Fin de Semana en Gijón” por Inmaculada y Guillermo

“Llegamos al aeropuerto de  Asturias  casi  en  la  noche  del  viernes y no  viene  al  caso  explicar  los motivos, pero tienen  que  ver  con  maletas  perdidas… Desde  allí, en autobús  hasta  la cercana  Gijón. Y la afabilidad  asturiana  se  empezó  a  notar, nada  más  pisar la  tierra  astur.  Una  compañera de  viaje, se  regocija  de nuestra  suerte  por el  premio  y nos  recomienda  nada  más  llegar a  Gijón, que  busquemos  una  Sidrería  y nos demos  un  pequeño homenaje  por Asturias  y sus  manzanas.

Nos  hospedaríamos  esa  noche y la  siguiente, en el hotel  más  moderno  de  la  ciudad, el  Abba  Playa  Gijón. Perfectamente  situado  en el extremo  más al  levante  de  la  playa  de  San  Lorenzo y  por  tanto, con  una  vista  espectacular  de  la  mencionada  playa.

           El  sábado  dedicamos  la mañana  a  caminar  por  la  ciudad.  En  primer lugar, todo  el  paseo  marítimo  desde  el  Mayán  de  Tierra  y  su  escultura  “Sombras  de  Luz”, hasta  el  Monumento  a  Pelayo, en la Plz. del  Marqués, pasando por supuesto  por  “El  Elogio  del Horizonte” de  Chillida  y “Nordeste” de  Vaquero  Turcios.  Una  vez  contorneado  el  barrio  de  Cimavilla, nos  introdujimos  en  sus  intrincadas  callejuelas , casi  todas  empedradas, para  ir descubriendo  el Gijón  más  antiguo.

Fueron  apareciendo  ante  nosotros la Colegiata  de  San  Juan  Bautista   y  el  Palacio  Revillagigedo, la Capilla de  los  Remedios y el Museo  Casa  Natal de  Jovellanos, la iglesia  de  San  Pedro  y  la  Plaza  Mayor, en donde  se  ubican  las  Casas  Consistoriales  de  la  ciudad.

Coincidimos con  una  feria  de  productos  típicos  asturianos: repostería, embutidos, productos del mar, pan  y sidra, por supuesto. 

Ya camino del restaurante que nos habían recomenda-do, “La Casa del Parque”, al otro lado de la ciudad, al atravesar la Plazuela de Jovellanos, pudimos comprobar como en una mañana no laborable de sábado, se reúnen las familias gijonesas en alguna de las muchas sidrerías que hay por toda la ciudad y escancian una botellas, sirviéndose lo que más tarde aprenderíamos como “culines”. Por supuesto, no todo el mundo es capaz de hacerlo y desde luego, preferimos no intentarlo nosotros, para no terminar con toda la sidra por el suelo.

Ya en “La Casa del Parque”, lo obligado y al mismo tiempo, deseado, era probar un menú típicamente asturiano. Y eso hicimos: De 1º anchoas del cantábrico en aceite de oliva, con cuadraditos de queso de la tierra. Como plato principal, uno comió el guiso de fabes clásicas, con chorizo, morcilla, tocino, etc, y el otro, el potaje de fabes con almejas. Y por supuesto, no se pudo evitar el que ambos probásemos los dos platos. Todo ello acompañado de una botella de sidra. Y como no podía ser de otra forma, de postre la mejor tarta de manzana que os podáis imaginar. Todo manzana, capas y capas de finas láminas de manzana con una finísima base de hojaldre. Sin adornos, sin añadidos, solo manzana.  

Tras la opípara comida, decidimos regresar al hotel, paseando a través del magnífico parque de Isabel La Católica, perfectamente cuidado, limpio y sin embargo, lleno de animales, en su mayoría aves, tanto autóctonas, como de origen exótico y tropical, aunque también pudimos ver de cerca, a varias asustadizas ardillas.
Llegando ya al Hotel, entraba la niebla por la bahía de San Lorenzo, procedente del bravío Cantábrico y pudimos comprobar que, a pesar de la fría y desapacible tarde que se avecinaba, la afición de la juventud gijonesa por el surf, no se ve mermada en absoluto aunque la climatología no acompañe.                                                                                                                                                                                               

Ya una vez descansados gracias a la siesta nacional, emprendimos un nuevo paseo por la ciudad, esta vez en busca de sus pastelerías, pues al ser poseedores de 2 bonos “Gijón Goloso”, había que aprovecharlos para degustar la sui géneris repostería asturiana. Y eso hicimos. Probamos la “casadiella asturiana”, los helados de arroz con leche y de sidra, el desmigado de avellanas y queso de varé, para acabar en una bombonería donde nuestra pasión por el chocolate nos hizo agotar los últimos cupones del bono, probando varias degustaciones dobles de la trufa de manzana.

Difícil elección sería, decidirse por una de todas las golosinas que fuimos probando según avanzaba la tarde, pero mi ganador sin duda es el desmigado de avellanas, con base de caramelo y capa superior de queso de varé. Sencillamente: ¡Exquisito! Felicidades a la familia que aporta su apellido al nombre de la pastelería: “Balbona”, de la C/ Cabrales.

Para bajar todo ello y hacerle hueco a la cena, paseamos por el interior del barrio de “El Carmen”, dándonos cuenta que al gijonés le gusta su ciudad, disfrutarla paseando, yendo de compras a su espléndido comercio, ocupando cafés y terrazas y llenando los pequeños jardines que salpican las plazas entre sus calles. Llegamos hasta el Paseo y Jardines de Begoña, donde pudimos ver como accedía mucho público al Teatro Jovellanos, lo que demuestra la inquietud cultural de la ciudad. Y decidimos finalmente, subir de nuevo hacia Cimavilla, el barrio más antiguo, para buscar alguna tradicional sidrería donde tapear algo para cenar. Y en la C/ San Bernardo encontramos una que nos gustó. Pulpo, huevos, patatas pochadas, chorizo y como no, 6 ó 7 culines de sidra para ir bajando toda esa exquisita comida, que cerraba nuestra visita turística/culinaria/golosa a la ciudad de Gijón.

Y claro, tanta sidra con sus 6º, como nos dijo el simpático camarero que nos sirvió la cena, “menos que el vino, pero más que la cerveza”,  hizo su efecto en el paseo de vuelta al hotel.


A la mañana siguiente, tras el desayuno aún nos quedaban unas pocas horas antes de volar de vuelta a nuestra ciudad de origen, Cádiz. Por lo que viendo el soleado día que comenzaba, hicimos lo que muchos gijoneses, pasear nuevamente por su precioso paseo marítimo, esta vez en dirección al Monumento a la Madre del Emigrante, en el roquero de El Rinconín, desde donde pudimos apreciar en todo su esplendor, toda la playa de San Lorenzo y la ciudad de Gijón abalanzándose sobre ella.
Queremos agradecer a la Sociedad Mixta de Turismo de Gijón, S. A., a todo su personal y a todas las personas que en los diferentes lugares visitados, nos hicieron más grata y amable nuestra visita a vuestra ciudad. Gracias por todo y prometemos volver”

Inmaculada y Guillermo

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